4 de mayo de 2012

MAYO, MES DE COMUNIONES

Mayo, mes de comuniones. Rito religioso que llenan los fines de semana las parroquias, de parroquianos vestidos de estreno, con zapatos nuevos y bolsillos sin suelas.

Pequeñas bodas, pequeños contrayentes de ilusiones, de ganas de que termine la ceremonia para asistir a la mayor fiesta en la que ellos serán los protagonistas. Acto social en que cada vez se diferencia menos de cualquier boda.

Padres que piden prestamos para no ser menos que cualquier otro. Asistentes que poco escuchan al párroco, cargados de cámaras de fotos y de video.

Mujeres que se pasan la misa haciendo reconocimiento de los ropajes de sus iguales y luciendo orgullosas modas y joyas.

Madres nerviosas, orgullosas de sus retoños. Abuelas de lágrimas fáciles, al ver sus pequeños descendientes como princesitas o pequeños almirantes. Padres de traje, con ganas de que acabe pronto todo, para regresar a casa sin corbatas. Encuentros familiares, con la excusa perfecta para reencontrarse. Asistentes que acuden algunos solos por obligación, otros por acompañar a la familia.

Ayer estuve de comunión. Uno de mis sobrinos era nuestro protagonista. Dejó de ser travieso al menos el rato que duró la misa. Luego fue el de siempre, un niño más.
Me hizo regresar en el tiempo y recordar la de mis hijos y la mía propia.

Aunque sólo recuerdo mi vestido largo, mi medalla de oro que me regaló una abuela, mi esclava y mi pequeña fiesta. Por aquellos entonces recuerdo que pedía perdón cada anochecer y prometía de rodillas que al día siguiente iba a ser mejor. Pero la mañana siguiente llegaba y no sé si era mejor, pero sí que volvía a inclinarme en una esquina de la cama llena de culpas por cualquier tontería de niños…

Gran observadora como soy, mientras asistía ayer a la iglesia me preguntaba si todo esto no era una pantomima más y si hemos perdido un poco, el verdadero sentido de la comunión o nos vemos obligados a realizarla como sólo un acto social para no quedar mal con la sociedad.

No veo mal que se realice, ni que se pierda la costumbre, quienes crean, pero… ¿no podría ser más sencilla y menos actuada?

8 comentarios:

  1. Comunión es igual a gran fiesta vestida de princesa o de almirante. El verdadero significado se perdió en el camino, en algún cruce o simplemente se esfumó. La tuya me recuerda a la mía, Mariose.

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    1. Qué razón llevas, Ana... sí y es una pena... gastos, más de lo que se pueden y el materialismo gana la partida... qué bien que vinieras!! jejeje!! un besito.

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  2. Ay, la dichosa comunión. Que digo yo que esto se puede simplificar tomando unas cañas y santas pascuas. De todo se hace negocio... En fin.

    Encantada de leerte. Por aquí te firmo y si quieres pásate por mi blog.

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    1. Pues sí y sería lo mismo, sin rascarse tanto el bolsillo... pero es una pasada de dinero toda ;-)esta parafernalia que se ha convertido el acto en sí... y luego casi ni se enteran de lo que ocurren a esa edad, los verdaderos protagonistas.
      Igualmente y claro que me paso por tu blog, ahora mismo. Un besito y bienvenida.;-)

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  3. Ahora tendré la oportunidad de leerte... Un besazo, Mari!!

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  4. Roser ¿eres Lottie? tienes blog? me encantaría verlo.. Bienvenida y ven cuando quieras, esta es tu casa jejeje! Tengo otro blog... muy antiguo, pero estoy de mudanzas... así que me iré trayendo cositas de allí más lo que me anime a escribir... un besito.

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  5. Es que no pudiste decirlo mejor!!
    Opino lo mismo y no sólo por este tipo de fiestas, sino en todo. Creo que hemos ido perdiendo el sentido real de tantas y tantas cosas. Vamos demasiado rápido " obligados" o subyugados por el entorno social.
    Recuerdo cuando una de las amigas de mi hija decidió no confirmarse ante el revuelo de todo. Yo la felicité por su valentía. Ella no se sentía preparada y esa era ya razón suficiente.

    Ayyy... Que manera de hacerme volver a ese pasado maravilloso de la inocencia. Rezar al pie decla cama sabiendo que si existe un todopoderoso que no abandona, cuida y perdona.

    Un abrazo grande!
    Pilar

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    1. Yo también rezaba y me ponía de rodillas... en una esquina de mi cama... ahora al recordarlo me vinieron recuerdos de la angustia que tenía por creer haber pecado... jejeje! desde luego que era inocente... e incluso algo queda de esaa inocencia o al menos me gusta creerlo así. Inocencia, curiosidad... que la vida no nos la borre toda. Un beso, Pilar

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